Con la reciente aprobación de la moción que plantea leer la biblia en las escuelas públicas, por parte del Congreso Nacional, se ha creado una ola polémica en el país. He leído la opinión del columnista Francisco Morales H. a favor de dicha propuesta, publicada en el diario La Tribuna, en donde expresa su desacuerdo con la posición contraria de varios ciudadanos, tachándoles de ignorantes.

El artículo se puede leer siguiendo este link.
http://www.latribuna.hn/2018/05/21/lectura-la-biblia-las-escuelas-una-iniciativa-polemica-anticonstitucional/.

El Sr. Morales expone la siguiente pregunta: ¿Qué tan válidos son los argumentos en contra de la lectura de la biblia en las escuelas, desde el punto de vista de la razón y no de la obcecación? Aquí yo pretendo responder a esta interrogante demostrando que él se equivoca en su razonamiento y, que la sugerencia en juicio es ilógica y anti-ética; por lo tanto, dañina para la sociedad hondureña.

En primer lugar, resulta paradójico afirmar que los argumentos contrarios a la utilización de la biblia como herramienta en la educación pública - a diferencia de los que están a favor- no son acordes a la razón y que se basan en la obcecación; tomando en cuenta que la biblia responde meramente a la religión y, como es sabido, la religión más bien apela a la fe incondicional y la antepone a la razón.

En adición, la biblia fomenta valores a través del miedo al infierno, no provee explicaciones razonables, sino que impone dogmas e incita a no cuestionarlos, esta, no solo habla de ‘’no matarás o no robarás’’, lamentablemente, también presenta pasajes a favor del esclavismo, el genocidio, el machismo, odio contra la mujer y contra la diversidad sexual; los cuales, descontextualizados, bien podrían servir como justificación para crimines de odio.

Dado lo anterior, yo me pregunto: ¿Cómo se pretende explicar a los niños (quienes todavía no han desarrollo un pensamiento crítico) que no deben tomar en cuenta esos pasajes, sino solamente los que son éticos? Los niños aún no saben con certeza lo que es ético o no. Sin lugar a dudas, la lectura de la biblia exige una capacidad de discernimiento que los menores aún no han desarrollado.

Tampoco puede pretenderse que los niños estarán expuestos solo a los pasajes elegidos cuidadosamente para ser leídos por los maestros, pues es de suponerse que querrán leer por sí solos, querrán hacer preguntas religiosas que no solo dirigirán a sus padres o a sacerdotes, también a sus maestros, y con justa razón, ya que estos les leerán la biblia. ¿Deberán los maestros responder con un ‘’no sé’’o un ‘’pregunte en su casa o en la iglesia’’? ¿Es correcto introducir temas en las escuelas sobre los cuales los maestros no saben o no deben responder? O, ¿acaso se instruirá en teología a maestros de la educación pública? Es precisamente por eso que la institución adecuada para leer la biblia es la iglesia y no la escuela.

Tal como afirma el Sr. Morales, la lectura es un hábito que enriquece, nuestros argumentos en contra de la lectura de la biblia en los espacios de educación pública no se oponen a la lectura en general, al contrario, reclaman que en las escuelas se incite a leer todo tipo de libros para ayudar a ampliar la visión del mundo. Tenemos a nuestra disposición, miles de libros que no prohíben que se les cuestione. Estamos llenos de libros de literatura, arte, historia, filosofía, ciencia, física, astronomía, etc. La cultura es sumamente amplia, es sobre estas bases que debemos educar a nuestros niños. Si todos coincidimos en que la lectura abre la mente, no nos debemos circunscribir a la de un solo libro para presentarlo como verdad absoluta.

Por otra parte, la constitución proclama la laicidad en la educación pública, lo que significa que el Estado no debe promover ninguna religión o credo oficial, ni defender o atacar creencias religiosas o antirreligiosas; esto tiene un objetivo muy importante: aceptar la libertad de conciencia y garantizar el respeto a las minorías tales como politeístas, ateos y otros, que no basan sus creencias sobre la biblia, favoreciendo así el pluralismo y la tolerancia.

En este sentido defender su posición arguyendo que la laicidad no significa que el Estado sea ateo es ilógico y contradictorio, ya que al repeler el ateísmo y presentar la biblia como un manual universal de ética y moral, el Estado estaría afirmando que defiende al cristianismo (además, no hay una sociedad de ateos exigiéndole al gobierno que fomente el ateísmo en las escuelas, no cabe crear un falso dilema).

Si el Estado tiene el deber de garantizar la libertad de pensamiento y no debe desdeñar opiniones sobre religión, sean cuales sean; entonces, es necesario reconocer que el solo hecho de ignorar a todos los sectores que no estén de acuerdo con esta medida, es anti-ético per se, porque es incongruente con la ley y la tolerancia, sobre todo, si además se les ridiculiza y se les acusa de ser incultos e ignorantes, incapaces de proveer argumentos sólidos en favor de su posición. Asimismo resistirse a buscar diferentes alternativas que no creen polémica y que no sean excluyentes, es propio de mentes cerradas incapaces de conciliar.

Por tanto, la inconstitucional de esta medida NO es supuesta, dicha proposición SÍ que violenta el principio de laicidad. Aprobar la lectura de la biblia en las escuelas públicas quebranta la ley.

Para continuar con la línea de pensamiento del Sr. Morales, estoy de acuerdo en que ya sea la fe religiosa o el ateísmo solo deben alcanzarse mediante el pensamiento crítico y, de ningún modo, a través de la coerción. Esta aseveración pone en evidencia la falta de lógica que tiene la defensa del estudio de la biblia en las escuelas, pues leer la biblia como manual de vida, induciría hacia la fe religiosa cristiana únicamente.

Por estas razones, es importante fomentar la lectura de diferentes temas académicos que no sean excluyentes, a fin de abrir la mente y favorecer el libre pensamiento, evitando así basar algo tan importante como la moral y la ética sobre un libro único, creando confusión en los niños, teniendo en cuenta que existen diferentes ideologías y creencias que también practican buenos principios y valores.

Por ende, el Estado debe ofrecer una educación laica, meramente académica; y, en aras de prevenir la violencia, debería construir centros culturales, donde se apoyen todas las artes, también promover varios tipos de deportes. Así podría mejorar la educación respetando la libertad de consciencia y el libre albedrío.

Estas propuestas, sin lugar a dudas, no son polémicas ni inconstitucionales.